
– Es el mejor cazador que he visto nunca -dijo James-. Rusia, Sudamérica, África. No hay nadie que lo supere.
– Creía que era constructor.
– Hace de todo -dije yo mientras tomaba el camino que había seguido el ciervo en su huida y me agachaba para coger una hoja de trébol, como antes había hecho James.
Ascendimos por la colina y atravesamos una densa arboleda llena de zarzas. Al llegar a la cima, Bart tuvo que pararse para recobrar el aliento, con las manos en las rodillas. Ante nosotros se extendía un campo, recorrido por enormes postes eléctricos.
James dejó atrás los árboles y se acercó al banquero para darle algunas palmadas en la espalda. El sol aún no estaba en lo alto, pero el cielo era azul. Por la cara de James supe que quería que siguiera adelante, de manera que emprendí el camino, con los ojos fijos en el rastro de sangre, pero sin dejar de escuchar a James.
– Thane tiene un plan -dijo éste a Bart-. Deberíamos conseguir el acero a finales de esta semana.
– ¿Has llegado a un acuerdo con los sindicatos? -preguntó Bart con los ojos muy abiertos.
– No -dijo James-, los estamos esquivando, o mejor dicho, saltando por encima de ellos. Thane ha echado el guante a algunos helicópteros Sikorsky. Transportaremos el acero por aire.
– Bueno… eso es…
– Una gran noticia, ¿no? -dije, y me detuve para que pudieran alcanzarme antes de proseguir el camino.
– Escucha -dijo James, tras dar al banquero una palmada en la espalda-, tengo la impresión de que vuestra gente pretendía pedir la devolución de los créditos que tenemos pendientes. Sé que no creían que un proyecto de esta envergadura pudiera hacerse realidad. Pero eso nos pondrá oficialmente «en construcción». Nos atará a los arrendatarios. Mi hijo Scott ha logrado firmar acuerdos con Home Depot, JC Penney, Lord & Taylor, BJ's, Circuit City, Costco y Target. Tiendas que nunca habían estado juntas en un mismo emplazamiento.
