– Comprueba frase por frase y palabra por palabra. ¡Elimina la basura! Si no puedes encontrar el adjetivo correcto para un nombre, abandónalo. Un nombre tan sólo necesita un adjetivo, el más selecto. Elimina todos los participios y adverbios que puedas. Los participios chirrían como las llantas de una rueda sobre gravilla. Tres participios en una frase la arruinarán. Demasiados adverbios desarticulan el texto.

Dinkin's tenía una larga barra atestada de espaldas de bebedores, tras la cual se divisaba una reluciente pared de paneles de caoba, espejos y faroles redondos de gas. Dick Dinkins colocaba platos de comida sobre la barra para que los bebedores picotearan y el licor siguiera corriendo.

Bierce y yo solíamos sentarnos en algún rincón desde el cual podíamos observar California Street y el tráfico atascado o en ajetreado movimiento. En las aceras, los caballeros paseaban con bombines y chisteras y levantaban sus bastones para saludarse unos a otros, y en ocasiones pasaban bellas damas o incluso prostitutas en parejas, contoneándose. En el interior se percibía un agradable tufo a humo de cigarro, cerveza, whisky, sardinas y queso, olores que se transformaban en el exterior en hedor a excrementos de caballo, polvo y negocios.

Un anciano con barba de chivo se acercaba entonces a preguntar a Bierce si había oído la última anécdota sobre el Senador Sharon. Sharon había preguntado al famoso pintor francés Meissonier si era uno de los viejos maestros europeos, porque él nunca compraría ninguna obra «que no fuera de uno de los Viejos Maestros».

Bierce decía entonces que ya había oído la anécdota exactamente treinta y una veces. Y añadía:

– Sirvió en el Senado, por nuestros pecados / Cada palabra un engaño y cada voto un apaño

Y continuaba su cháchara con el caso de «La Rosa de Sharon». Por aquel entonces, una de las mujeres de Sharon había llevado a los tribunales al rey de Comstock



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