– Tengo que darme un baño -dije.

– ¿Vas a ir al baile de los bomberos?

– ¡Sí!

Belinda apretó aún más el Ivanhoe contra su pecho. Sus trenzas fuertemente anudadas pendían por la espalda de su vestido de algodón a cuadros. Tenía los pies torcidos hacia adentro y zapatos rayados.

– ¿Bailarás allí con las chicas?

– Eso espero.

– ¿Bailarás un vals?

– ¡Y tanto que sí!

– El reverendo Kennedy dice que es un baile muy pecaminoso.

– No creo que el reverendo Kennedy haya visto nunca cómo se baila un vals.

Ella sonrió, dejando al aire unas enormes palas que le daban un encantador aire travieso.

– ¿Me llevarás algún día a bailar, Tom?

– ¡Con el permiso del reverendo Kennedy! -dije mientras escalaba al trote las escaleras que Jonas Barnacle debería haber reparado hacía tiempo con su martillo y su manojo de clavos.

Ésa fue la noche que conocí a mi Verdadero Amor.

2

Señorita: título con el que marcamos a las mujeres solteras para indicar que están disponibles en el mercado.

– El Diccionario del Diablo-


Se llamaba Amelia Brittain, y apareció en el Baile de los Bomberos acompañada de su hermano, que acababa de regresar a casa de Yale. Fui afortunado al conseguir un baile con una joven dama cuyo padre era al menos de la baja nobleza, del grupo de los «aristócratas instantáneos» de Nob Hill, como los denominaba Bierce. Era alta y elegantemente desgarbada, con el rostro en forma de corazón y un cabello castaño claro rizado y vaporoso que le rodeaba la frente como un halo. No pesaba más de una onza de cintas de encaje entre mis brazos mientras girábamos sobre el resplandeciente suelo. Aspiré su aroma a flores y noté la sortija de compromiso en la mano que le estrechaba. El anillo lanzaba caros destellos a cada vuelta que dábamos bajo el calor de las lámparas de gas.



9 из 269