
Yeager volvió la cara hacia su amigo frunciendo el entrecejo:
– Me habías prometido anonimato, Deke. Y «encantada» no me parece que suene precisamente a anonimato.
Notó cómo su acompañante se encogía de hombros.
– Tranquilo. No es más que un espejismo. Ocurre siempre en las mañanas con niebla. Parece que la isla surja de repente de entre las brumas del horizonte.
La mujer que estaba enfrente de ellos seguía exclamando entusiasmada:
– Hace un momento no había nada más que niebla y de repente… ha aparecido; así, sin más.
Otra voz se le unió.
– Es la tercera vez que vengo y todavía me sigue sorprendiendo. Es una mole exuberante y verde que se recorta contra el azul profundo del océano. Está a solo dos horas de barco del continente y parece que uno estuviera llegando a otro mundo.
Deke le dio un codazo a Yeager.
– ¿Lo ves? Exactamente lo que querías, ¿no es así? Tomarte un descanso de la realidad.
Un descanso de la realidad. Por supuesto que lo necesitaba, pensó Yeager ajustándose las gafas de sol más firmemente en el puente de la nariz. Un descanso para volver a tomar las riendas de su vida. Un descanso para entender por qué, mientras que el año pasado había estado metido en un tanque de combustible de cincuenta pisos cuando lo lanzaban al espacio sin inmutarse, ahora no era capaz de pensar en el día de mañana sin que le temblaran las manos.
Aspiró una bocanada de aire marino mientras en su interior, en lo más profundo de su vientre, sentía que una desesperada e innombrable emoción lo recorría. No quería ni pensar que su vida pudiera no volver a ser la misma; que seguramente no volvería a ser la misma.
– ¿Estás bien? -le preguntó Deke.
– ¿Por qué no iba a estarlo?
La voz de Deke tenía un tono de duda:
– ¿Estás seguro?
Bueno, tampoco era tan difícil que intentara sonreír.
– Sí, estoy perfectamente.
– Entonces déjame que te explique qué es lo que nos espera. El barco nos dejará en el puerto que está en el pueblo de Haven. Las casas, y los apartamentos donde nos vamos a alojar, están en su mayoría en las colinas que rodean el pueblo.
