
Yeager se dio cuenta de repente de que tampoco habían cambiado demasiadas cosas en el barco.
Suspiros había vuelto. Un aliento que olía a fresas pegajosas golpeó rítmicamente contra la manga de la camiseta de Yeager.
Él se hizo de nuevo el dormido.
Pero Suspiros se acercó más a él, a pesar de que Yeager hizo como si no hubiera notado su presencia.
– Te conozco -dijo la pegajosa voz de Suspiros.
La piel nueva de la mejilla de Yeager se contrajo. ¿Le conocía?
– No lo creo.
A menos que el chico creyera que acababa de encontrarse con Frankenstein o algún otro espantoso personaje, de torneados músculos y una nueva cicatriz en la cara, vuelto a la vida.
– Te he visto en Barrio Sésamo.
Yeager sintió que se le revolvían las tripas, pero no movió ni un solo dedo. ¿Era posible que aquel niño lo hubiera reconocido realmente? Sí, seis meses antes, cuando su vida todavía se movía en la dirección correcta, le había estado explicando a la gallina Caponata que el Hombre de la Luna no era nada más que una broma y que la luna no era más que una piedra cubierta de polvo y no un queso verde.
Suspiros se le acercó aún más, pegando su aliento de fresa contra la mejilla de Yeager. Le colocó en las manos un trozo de papel y un lápiz. Yeager los agarró con un gesto brusco.
Aquello ya era demasiado para alguien que pretendía hacerse el dormido.
– ¡Fírmame un autógrafo, hombre de las estrellas! -le pidió Suspiros.
Hombre de las estrellas. Yeager pensó en negarlo. Incluso tomó aliento preparándose para responder.
Pero desde el día en que nació, desde el día en que el piloto de las fuerzas aéreas que acababa de quedarse viudo -su padre- escribió «Yeager» -por el piloto de pruebas Chuck Yeager- en su partida de nacimiento, él había venido al mundo para volar. Aunque su padre y él formaban más una pareja de escuadrilla de aviación que una familia, aquella vida nómada de piloto de las fuerzas aéreas le había ofrecido tantas satisfacciones como después la palanca de mandos de un avión. La única vez que se había enfrentado realmente a su padre fue cuando Yeager decidió hacerse piloto de caza de la Armada en lugar de piloto de las Fuerzas Aéreas.
