Se encontraba tan cerca, que ella podía percibir el calor de su cuerpo a pesar de que la lluvia le había mojado la ropa. Su proximidad le produjo la misma embriaguez que una botella de whisky en un estómago vacío. El fuego corría por sus venas. Retrocedió un paso, obedeciendo a un silencioso reproche que le recordaba que ya no era una adolescente como para dejarse impresionar de ese modo. “Las mujeres modernas e inteligentes no se babosean ni se derriten como manteca al sol sólo porque un hombre atractivo invade el espacio físico que corresponde a los dos”, pensó. Palmeó la mano de Hank en un gesto maternal y se esforzó por dar al momento la perspectiva correspondiente.

– No es nada importante. Se trata de un matrimonio postizo. Algo temporáneo. Sólo me quedaré aquí durante seis meses.

– ¿Ah, sí? ¿Y qué sucederá si se crea cierta dependencia conmigo? Supuestamente, la estadía de Horacio en esta casa también fue temporaria. Mamá Irma me preguntó si podía tenerlo en casa unos días, hasta que le encontrara un nuevo hogar. Eso fue hace tres años -Acarició la satinada cabeza del perro-. Ahora, se enloquece cada vez que me ve. No me lo puedo despegar de los talones. Me sigue a dondequiera que vaya -Se inclinó un poco más en dirección a Maggie. Las comisuras de sus labios se elevaron en una simpática sonrisa-. Es capaz de cualquier cosa para que uno le rasque las orejas. ¡De cualquier cosa! ¿Sabe? Lo mismo podría pasarle a usted.

No había duda de que ese hombre tenía facilidad de recuperación, pensó Maggie. En un momento estaba tendido de espaldas en el lodo y al minuto siguiente, hasta se daba el gusto de tomarle el pelo.

– Trataré de controlarme -le aseguró Maggie-. Si de pronto, llegara a descubrir que me urge la necesidad de que me rasque las orejas, juro que me encerraré en mi cuarto -Valientes palabras para una mujer que ya se sentía más que atraída por Hank Mallone. Valientes palabras para una mujer a quien ya le costaba demasiado controlar los latidos de su corazón sólo porque él había avanzado otro paso y le sonreía.



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