– ¿Cómo te atreves…?

– Extraño, ¿verdad? Pero yo ya te conozco como jamás te conocerá David. Sé lo que quiero de ti, mucho más de lo que nunca podría desear él.

Para su horror, aquellas palabras le provocaron un escalofrío: reflejaban una férrea resolución que jamás había percibido en ningún otro hombre. Amaba a David por su delicadeza y por su carácter dulce y pacífico, pero muy a su pesar tenía que reconocer que carecía de decisión. Aunque, por otro lado, la decisión no era lo más importante: o al menos eso era lo que siempre se había dicho a sí misma. En los brazos de aquel hombre tan decidido, sin embargo, sus propias reacciones la alarmaban.

Salió de sus ensoñaciones para darse cuenta de que la música estaba terminando. Las parejas aminoraban el ritmo y ella se encontraba en los brazos de Steven Leary, mirando el asombro de su expresión reflejado en su propio rostro. Y comprendió que, a partir de aquel instante, nada volvería a ser lo mismo otra vez.

Durante la siguiente hora Jennifer funcionó como un autómata: su mente todavía se hallaba ocupada en su devastador encuentro con Steven. Por el rabillo del ojo lo vio bailando un vals con Penny. Luego volvió a reunirse con ella, la tomó de la mano y la llevó al bar, donde le ofreció un zumo de naranja.

– Supongo que necesitabas tomar un refresco -le dijo él-. Yo también. Me estoy esforzando mucho por ti.

– Te vi bailando con Penny -le comentó ella, interpretando bien su comentario-. ¿Qué te ha parecido?

– Baila con demasiada corrección. Prefiero que una mujer baile con un hombre como si quisiera hacer el amor con él -la desafió con la mirada.

– Me lo imagino -repuso Jennifer, disimulando su azoro-. ¿Es ése el único defecto que le encuentras a la pobre Penny?

– Me contesta además con monosílabos y no deja de mirar a David. A propósito, es su secretaria, y esta tarde es la primera que la ha invitado a salir con él -alcanzó a oír su suspiro de alivio y añadió con tono malicioso-: Parece como si hubiera estado esperando a que lo llamaras en el último momento. No te comprende porque está demasiado pendiente de sí mismo. Está más contento con una chica que no es tan guapa como él, para seguir sintiéndose superior. Lo vuestro no tenía ningún futuro.



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