– David y yo todavía no hemos roto…

– Habréis roto si Penny tiene algo que ver en ello. Está loca por él.

– Puedo hacer que vuelva conmigo cuando quiera -replicó orgullosa.

– ¿Pero te merecerá la pena?

– Sí -respondió desafiante.

– De acuerdo. Vamos -Steven la llevó adonde se encontraba David, charlando con Penny. De una forma encantadoramente discreta, se las arregló para llevarse a Penny dejando a Jennifer a solas con él.

– ¿Qué tal te ha ido? -le preguntó David con tono formal.

«He estado esperando con toda mi alma una llamada tuya, con el corazón destrozado mientras tú permanecías indiferente. He llorado cuando nadie me estaba mirando, intentando averiguar qué era lo que había hecho mal», se dijo Jennifer para sus adentros.

– Bueno, ya sabes cómo es esta época del año -respondió riendo-. Hay muchísimo trabajo y no he tenido ni un solo momento libre. Espero que a ti te haya pasado lo mismo.

– Bueno, sí, he estado bastante ocupado. De hecho, he estado fuera durante la mayor parte de estas dos últimas semanas. Por eso no estuve en casa si es que me llamaste.

– Pues no -repuso tensa-. No te llamé.

– Claro. No quería decir que… Bueno, es igual…

Dejó inconclusa la frase, encogiéndose de hombros y sonriendo. Jennifer perdió el aliento al ver aquella sonrisa, que iluminó por completo su hermoso rostro.

– David -pronunció en un impulso, extendiendo una mano hacia él. Estuvo a punto de pronunciar su nombre, decidida a acabar con aquel distanciamiento.

– ¡Deja de hablar, querida! -Steven apareció de repente a su lado, tomándola del brazo-. La noche es joven. ¡Vamos a bailar!



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