
Había llegado a la oficina con tanto apresuramiento que apenas fue consciente de las miradas de curiosidad que suscitó. Como siempre, su primera tarea consistió en revisar el precio de las acciones de la empresa. Y lo que descubrió hizo que se quedara mirando fijamente la pantalla, frunciendo el ceño.
– Esto no puede ser -murmuró-. ¿Cómo es que han subido tantísimo desde ayer?
Pero las mismas cifras aparecieron de nuevo en el monitor. En ese instante sonó el teléfono:
– Será mejor que vengas a explicarme lo que está pasando -gruñó Trevor, y colgó.
Estupefacta, Jennifer se dirigió a su despacho.
– Te juro que no entiendo nada -le dijo nada más entrar, mientras cerraba la puerta a su espalda.
– Me refería a ti y a Empresas Charteris.
– Yo no he tenido nada que ver con Empresas Charteris.
– ¿Ah, no? -inquirió Trevor, sarcástico-. ¿Entonces ayer noche no saliste con su director ejecutivo, verdad?
– Sabes perfectamente dónde estuve anoche: en la cena de gala con Mike Harker. No, espera. Me dijo que su verdadero nombre era Steven Lean.
– ¿Él te dijo eso? ¿Y a ti no te sonó ese nombre de nada?
Trevor arrojó un periódico sobre la mesa, delante de ella. Y Jennifer abrió mucho los ojos al verse en una foto bailando acarameladamente con Steven. El pie de foto rezaba así: Steven Leary, director ejecutivo de Empresas Charteris y gran accionista.
– Ahora la gente cree que estamos negociando con Charteris, y es por eso por lo que han subido nuestras acciones -le explicó Trevor.
– No lo comprendo -repuso Jennifer, distraída-. Tú me dijiste que Mike Harker era un actor fracasado…
– Pero ése no era Mike -replicó Trevor con los dientes apretados.
– Bueno, es el hombre que fue a buscarme. Este… no consigo entenderlo. Estuve bailando con varios hombres y…
– ¿Así? -inquirió Trevor, señalando la foto.
Jennifer suspiró profundamente al ver lo que quería decir. Aquella instantánea había sido tomada en el preciso momento en que la había besado Steven, y su respuesta había sido, por lo demás, bastante evidente. No se había tratado de un simple baile. Observó consternada la foto; ¿cómo podía haberse abandonado en sus brazos de aquella manera?
