
– Tengo que salir. Sobrevivo trabajando en una agencia de acompañantes, y esta noche tengo trabajo.
– ¿Trabajas de gigoló? -exclamó Steven, consternado.
– No, maldita sea. ¡No soy un gigoló! Mi trabajo es absolutamente respetable. Si una mujer tiene que asistir a algún acto social y carece de pareja, llama a mi agencia y me contrata. Sólo tengo que ser atento y causar la impresión adecuada. Ella se vuelve a casa, a su cama, y yo a la mía.
– Que es donde deberías estar ahora mismo. No puedes acompañar a una mujer en ese estado. Le contagiarás la gripe. Llama a tu agencia para que envíe a otra persona.
– Demasiado tarde -replicó Mike, presa de un ataque de tos.
– ¿Cómo es ella?
– No lo sé. No la conozco. Se llama Jennifer Norton: es todo lo que sé. Se trata de una gala comercial, así que probablemente se ajuste al tipo de mujer ejecutiva: cuarenta años, ceñuda, demasiado ocupada haciendo dinero como para mantener una relación…
– Vete a la cama -le ordenó firmemente Steven-. Yo iré en tu lugar.
– Pero me dijeron que me querían a mí en concreto…
– Creía que habías dicho que no la conocías.
– Y no la conozco. Pero quería a alguien muy atractivo.
– ¿Y yo soy el monstruo de Frankenstein? -sonrió Steven, en absoluto ofendido.
– Recuerdo que siempre has tenido más éxito con las mujeres del que te correspondía. Y no entiendo por qué, visto lo mal que las tratabas.
– Nunca tuve que arrastrarme ante ellas para halagarlas, si es eso lo que quieres decir. Mi padre solía decir que las mujeres eran como autobuses. Siempre que se iba uno venía otro -se echó a reír-. ¿Sabes? Solía asegurarse bien de que mamá no andaba cerca antes de comentármelo.
Era cierto que Steven no tenía los rasgos absolutamente perfectos de Mike, pero muchas mujeres lo encontraban muy atractivo. Era alto, moreno, de fuerte constitución y con un poderoso aire de autoridad. Sus ojos castaños irradiaban una intensa energía que daba un acentuado carácter a su rostro. Su boca era ancha y generosa, y encantadora su sonrisa. Era un hombre, en suma, que habría destacado en una multitud.
