En aquel momento parecía una joven mundana capaz de enfrentarse a cualquier problema o adversidad. Deseaba sinceramente poder sentirse así. Terminó justo a tiempo, precisamente cuando estaba sonando el timbre. Y tan pronto como abrió la puerta, comprendió que había cometido el gran error de su vida.

El hombre que tenía delante era sencillamente impresionante, aunque no fuera guapo a la manera clásica: irradiaba un aura de arrogancia y de implacable voluntad. Desde el primer momento, mientras se miraban fijamente a los ojos, Jennifer comprendió que él, por su parte, se sentía igualmente atraído por su aspecto. Y de pronto empezó a ser consciente del aspecto que presentaba con aquel vestido. Su mirada la hacía sentirse como si estuviera desnuda, y evidentemente aquel hombre estaba disfrutando a placer del espectáculo, lo cual la indignó sobremanera. Después de todo, lo había contratado ella. Y lo que era aún peor: distinguió un brillo irónico en sus ojos, como si hubiera adivinado sus pensamientos y se estuviera divirtiendo aún más.

– Buenas tardes, señor Harker. Se ha retrasado un poco, pero no importa.

– Le presento mis disculpas -pronunció él en un tono nada apologético-. Se me presentó una emergencia, pero ahora ya soy todo suyo -añadió, levantando las manos.

– ¡Oh, Dios mío! -exclamó Jennifer de repente-. ¡Vaya unos gemelos!

Supuso que los gemelos de su camisa eran todo lo que se podía permitir un actor fracasado, pero eran baratos y de mal gusto, como si se los hubiera comprado en un mercado de baratillo.

– Son los mejores que tengo. ¿Qué les pasa?

– Nada, yo… -Jennifer se esforzó por encontrar una manera discreta de decirle lo que pensaba sin ofenderlo, aunque resultaba verdaderamente difícil-. No son lo bastante… quiero decir que no van bien… quizá yo pueda sugerirle… Espere un momento.



9 из 132