– Sí… es formidable -todavía podía sentir la presión de su palma contra la suya, la hormigueante calidez de su piel.

– No puede ser tan rudo si te ha dado el trabajo -señaló Vanessa-. Seguro que ese ridículo curriculum vitae que inventaste no le ha engañado.

– No lo creo -Skye parecía pesarosa-. De hecho, me parece que no se ha creído ni una palabra de lo que ponía.

– Entonces, ¿por qué te dio el empleo?

Skye le contó a Vanessa que se había encontrado con Fleming.

– Lorimer no estaba muy complacido -terminó-, aunque no puedo dejar de pensar que la aparición de Fleming significa que ¡fue el destino quien quiso que yo obtuviera ese puesto!

– Si yo fuera Lorimer Kingan, estaría mucho más que «no muy complacido», estaría furioso contigo por ponerlo en esa situación.

Skye había recuperado su optimismo una vez que se encontró fuera del alcance de la mirada aguda de Lorimer.

– Él deseaba una secretaria y ya tiene una. Quizá no sea la ideal -añadió generosa-, pero estoy libre para empezar cuando él quiere y haré el trabajo tan bien como cualquier otra secretaria temporal.

– ¡Me gustaría verlo! -Vanessa le sonrió a su amiga con afectuoso escepticismo-. No sabes nada de golf, eres una nulidad en mecanografía, eres una revoltosa irresponsable y te pasas todo el tiempo parloteando. No quiero criticarte, Skye, pero ¡creo que forzaste a Lorimer Kingan!

– ¡En esta ocasión voy a intentarlo! -protestó Skye-. Este empleo será un éxito, ya lo verás.

– ¡Nunca has aguantado un solo trabajo!

– Ahora es diferente. Van, cuando conocí a Charles me di cuenta de que era una niña mimada. Simplemente pasaba bien el tiempo y si las cosas salían mal, sabía que mi padre me rescataría. Fue Charles quien me hizo ver que yo no sabía hacer nada por mí misma. A él le gustan las mujeres que son frías, elegantes y capaces de cuidar de sí.



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