
– ¿Puedes? -preguntó Vanessa con una mirada interrogante.
– Puedo intentarlo -dijo Skye que podía ser mucho más fuerte y obstinada de lo que la gente pensaba-. Venir a Edimburgo era lo que yo necesitaba. ¡Pobre papi! Se desesperaba porque yo me estableciera y obtuviera un trabajo decente y ahora, para variar, voy a hacer que se sienta orgulloso. Y voy a demostrarle a Charles que no puede ignorarme. Seré tan práctica y profesional como cualquiera de sus amigas, no quiero que piense que soy una rubia frívola.
– Pero Skye, ¡tú eres una rubia frívola! ¿No te gustaría un hombre que te amara por ser como eres?
– Es tan aburrido cuando sólo se sientan y te adoran… Estoy cansada de eso. Al menos Charles no lo hace.
– Eso es porque él sólo está interesado en sí mismo -comentó Vanessa con severidad. Conoció a Charles cuando se quedó con Skye en Londres y no se sintió impresionada-. Tú crees que estás enamorada de él porque es un reto, pero no es el hombre para ti, Skye, con franqueza, no lo es. Es demasiado frío y quiere que sus amigas sean apropiadas a su imagen fría y despiadada y tú nunca serás así.
– Sí, lo seré -asentó Skye obstinada-, y estoy enamorada de él. No habría venido a Edimburgo a buscar trabajo si no lo estuviera, ¿verdad?
