– No hace calor ¿verdad? -dijo la mujer que estaba junto a ella en fila, y comenzó a hablar animadamente. Skye escuchaba absorta y asentía de vez en cuando, hasta que, de pronto, su nueva amiga comentó que el autobús se estaba retrasando mucho esa mañana y Skye miró el reloj. ¡Las nueve menos cuarto! Las palabras de despedida de Lorimer sonaron en sus oídos: «Y no llegue tarde». Nunca llegaría a la oficina a tiempo aunque llegara el autobús. Skye miró frenética en busca de un taxi; pero el tráfico estaba prácticamente parado. Tendría que correr.

Kingan Associates estaba ubicado en un imponente edificio georgiano en el famoso Pueblo Nuevo de Edimburgo. Para cuando Skye se apoyó en las barandillas en busca de apoyo, sus cabellos rubios caían revueltos en torno a su rostro sonrojado. Nunca había corrido tanto en su vida. Resoplaba, pero de alguna forma se forzó a subir los escalones hasta la puerta reluciente pintada de blanco.

Empujó la puerta para abrirla y entró con cautela en el pasillo, aliviada de ver que estaba vacío excepto por Sheila, la tímida recepcionista que la había llevado a la oficina de Lorimer, para la entrevista. Miró el rostro sonrojado de Skye, con cierta alarma.

– ¿Estás bien?

– El autobús se retrasó -gruñó Skye, limpiando su rostro. ¡Y ella que iba a impresionar a Lorimer con su calma y competencia!

Sheila abrió la boca, pero no tuvo oportunidad de hablar porque la puerta de la oficina de Lorimer se abrió de golpe.

– Llega tarde.

El corazón de Skye que ya palpitaba agitado por el esfuerzo, pareció detenerse de repente cuando miró a Lorimer parado en el umbral, con su feroz mirada azul y sus cejas unidas sobre la nariz en una línea amenazante.

– Lo siento. El…

– Entre aquí -gritó-. No voy a hablar con usted en donde todos los empleados puedan escuchar -desapareció en su oficina.



19 из 127