Vanessa normalmente tenía razón. Sólo esperaba que su amiga no la tuviera también con respecto a Charles.

– Le aseguro que ni siquiera sabrá que yo estoy aquí -insistió con desesperación y Lorimer levantó una ceja inquisitiva.

– Eso no es una recomendación -se mostraba austero-. No podrá probar que es una secretaria eficiente si no puedo saber si está o no está en la oficina.

¡No había forma de complacerlo!

– Hace un minuto me ha dicho que quería que yo pasara desapercibida -le señaló.

Lorimer empezaba a perder la paciencia.

– ¡Lo que yo deseo, es una secretaria eficiente y discreta, no una que piense que la única alternativa para no abrumar a la gente es desaparecer!

Para Skye todo sonaba horriblemente familiar. Moderación, eficacia, discreción… ¿Por qué todos los hombres hacían tanto hincapié en esas virtudes? Se había pasado años tratando de inculcárselas sin ningún éxito aparente y hasta Charles parecía encontrar irresistibles y atractivas, tan aburridas cualidades. Skye no podía comprenderlo pero si eso era lo que le gustaba, así sería.

– Yo soy discreta, muy discreta.

Lorimer suspiró y de nuevo recogió el curriculum vitae.

– Usted parece desear mucho este empleo y, la verdad, no lo entiendo. Si es tan eficiente como dice, podrá conseguir otro trabajo sin dificultad.

– Por supuesto -trataba de parecer indiferente-, es que he decidido cambiar de dirección e intentar algo completamente nuevo -eso era verdad, un trabajo adecuado era una nueva dirección para ella.

– Ya veo -Lorimer se mostraba escéptico-. Supongo que sabrá que éste es un trabajo temporal.



4 из 127