
– ¿Me vas a dejar por otro hombre?
Anna levantó bruscamente la cabeza y lo miró, asombrada por aquella pregunta. Saxon le devolvió la mirada con unos ojos más verdes y más fieros de lo que los había visto nunca.
– No -susurró ella-. Eso nunca.
– Entonces, ¿de qué se trata? -preguntó él levantándose y controlando a duras penas su ira.
Anna respiró profundamente.
– Estoy embarazada.
Durante un instante, la expresión del rostro de Saxon no cambió. A continuación, se endureció y adquirió un gesto impenetrable.
– ¿Qué has dicho?
– Que estoy embarazada. De casi cuatro meses. El bebé nacerá a finales de septiembre.
Saxon le dio la espalda y se dirigió hacia la pared de la terraza para observar la ciudad. La línea de sus hombros era muy rígida y expresaba muy bien la ira que sentía.
– Dios mío… Jamás pensé que harías algo así -dijo, apenas controlando la voz-. Tendría que haberme imaginado que se trataba de esto después de la pregunta que me hiciste anoche. El matrimonio sería mucho más rentable que una demanda de paternidad, ¿verdad? Sin embargo, estás dispuesta a sacar beneficio sea como sea.
Anna se levantó de la mesa y entró en el apartamento. Saxon seguía al lado de la pared, con los puños apretados mientras trataba de controlar la ira y el duro sentimiento de traición que estaba experimentando en aquellos momentos. Sin embargo, se sentía demasiado tenso para permanecer allí mucho tiempo. La siguió decidido a encontrar la profundidad de su propia estupidez aunque sabía que eso sólo acrecentaría el dolor. Aunque la verdad terminara destrozándolo, tenía que conocerla. Siempre se había creído invulnerable, pero Anna le había enseñado el punto débil de su armadura emocional. No obstante, cuando consiguiera superarlo, sería verdaderamente intocable.
Anna se había sentado tranquilamente en su escritorio y estaba escribiendo una hoja de papel. Saxon había esperado que ella estuviera haciendo las maletas, cualquier cosa menos lo que estaba haciendo.
