Anna se dio la vuelta bruscamente para ocultar el profundo dolor que le habían causado aquellas palabras porque, durante un instante, había creído que él se refería a que las cosas no tenían por qué cambiar. No era así. Saxon seguía teniendo la intención de dar por terminada su relación.

– No… Simplemente, no… -susurró.

– ¿No qué? -la desafió él-. ¿Que no trate de facilitarte un poco las cosas?

– No me pidas que me quede aquí sin ti -respondió-. Tú eres la razón de que yo esté en este apartamento. Sin ti, no tengo razón alguna para quedarme -confesó, girándose de nuevo para mirarlo. Entonces, levantó la cabeza y lo miró a los ojos. Cuando habló, lo hizo con voz clara y firme-. Te amo. Si no hubiera sido así, jamás me habría venido aquí contigo.

Un gesto de asombro recorrió el rostro de Saxon y lo hizo palidecer aún más. Movió los labios, pero no emitió sonido alguno.

– Pensaba marcharme porque pensaba que eso sería lo que tú querrías -añadió, sin vacilar-. Desde el principio, me has dejado muy claro que no quieres ataduras, por lo que no esperaba nada más. Aunque tú quisieras proseguir con nuestro… acuerdo, yo no creo que sea posible. No puedo ser madre y seguir siendo tu amante incondicional. Los bebés tienen sus propias prioridades. Por lo tanto, bajo las presentes circunstancias, es mejor que me marche, pero eso no significa que yo vaya a dejar de amarte.

Saxon sacudió la cabeza, bien por incredulidad o por negación. Entonces, fue a sentarse en la cama y, desde allí, miró sin ver las maletas abiertas.

Anna no pudo evitar sentirse preocupada. La reacción que había esperado era de ira o de frialdad, pero Saxon parecía estar verdaderamente sorprendido, como si algo terrible terminara de suceder. Anna se acercó hasta la cama para sentarse a su lado y lo observó como si estuviera tratando de interpretar todos y cada uno de los matices de la expresión de su rostro. Saxon resultaba difícil de comprender cuando estaba relajado. En aquellos momentos, su rostro era como de mármol.



21 из 70