El apartamento estaba silencioso y vacío, sin nadie que le diera una dulce bienvenida. Anna jamás había estado allí y se notaba.

Casi no podía soportar estar allí. Era una casa oscura y vacía, como una tumba y se sentía incapaz de llevarle luz alguna. La única que había conocido nunca era la que Anna le proporcionaba y la había compartido con ella durante un espacio de tiempo muy breve, para luego apartarla de su lado por su irrefrenable lujuria. Jamás había podido mantener las manos apartadas de ella. Le había hecho el amor con más frecuencia de lo que jamás hubiera creído posible. Su masculinidad despertaba una y otra vez ante la dulce perspectiva de hundirse en ella y fundir su cuerpo con el de Anna. La había dejado embarazada y, por ello, la había perdido.

¿Qué iba a hacer sin ella? No podría funcionar. No podría interesarse por sus malditos contratos o por si el trabajo se realizaba o no. Siempre había realizado su trabajo sabiendo que ella lo estaba esperando. Aunque su trabajo lo apartara de Anna, sabía que éste lo ayudaba a cuidar de ella y a asegurarse de que jamás le faltara de nada. Cada vez que había aumentado el paquete de acciones que había preparado para ella, había sentido una profunda satisfacción. Tal vez había creído que sus diligentes esfuerzos en ese sentido lo ayudaran a mantener a Anna a su lado y que le demostraran a ella que estaba mejor con Saxon que con ningún otro hombre o sola.

No podía ni siquiera pensar que ella pudiera haberse quedado con él sólo porque le estaba proporcionando seguridad económica. Si llegara a pensar eso de Anna, no le quedaría nada por lo que mereciera la pena vivir. No. Siempre había sabido que a ella le disgustaba aquella parte de su acuerdo.

No había habido razón alguna para que ella permaneciera a su lado a menos que… a menos que, efectivamente, lo amara.

Por primera vez se dejó pensar en lo que ella le había dicho. En su momento, no había querido hacerlo, pero en aquellos instantes las palabras no dejaban de darle vueltas por su subconsciente, como si fueran frágiles pájaros que temían echar a volar.



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