
– No sabía si te habías quedado aquí -dijo, con la voz llena de tensión-. Esperaba que lo hubieras hecho, pero…
De repente, se acercó a ella con increíble velocidad y la tomó en brazos para llevarla al dormitorio.
Después de un pequeño grito de sorpresa, Anna se aferró a él. Todo había ocurrido como la primera vez, como si la pasión se hubiera estado acumulando tras la presa de su autocontrol y, por fin, la presa hubiera terminado por romperse. La había tomado en brazos para colocarla sobre el suelo del despacho con un único movimiento y, entonces, se le había tumbado encima antes de que la sorpresa de Anna pudiera dar paso a la felicidad. Ella lo había agarrado con fuerza, dejándose llevar por un deseo que igualaba al de él. Habían pasado horas antes de que los dos pudieran separarse uno del otro.
Anna sentía la misma fiereza en aquellos momentos, cuando Saxon la colocó en la cama y se inclinó sobre ella para desabrocharle la bata. Bajo ésta, Anna llevaba un fino camisón de seda, pero, evidentemente, hasta una prenda tan delicada era demasiado. En silencio, ella levantó la mirada y observó el rostro de Saxon. Vio cómo él la liberaba de la bata y luego le sacaba el camisón por la cabeza. Al sentirse desnuda delante de él, sintió que la respiración se le aceleraba y que los pechos se le erguían ante la mirada de Saxon, que resultaba tan excitante como cualquiera de sus caricias. Una cálida y agradable sensación comenzó a formársele en el vientre y a extendérsele por todo el cuerpo.
Saxon le separó las piernas y se le arrodilló entre ellas. Visualmente, se dio un festín de lo que tenía ante los ojos. Entonces, comenzó a desabrocharse el cinturón y la bragueta. A continuación, se bajó los pantalones lo justo para liberarse. Entonces, miró a Anna a los ojos.
– Si no deseas que esto ocurra, dilo ahora.
Ella no podía negarle a él y a sí misma lo que ambos tanto deseaban. Levantó los brazos a modo de invitación y Saxon se inclinó sobre ella, aceptándola, hundiéndose en ella y en sus brazos con un único movimiento. Lanzó un gruñido no sólo ante el increíble placer que experimentó sino también al notar que el dolor cesaba en su cuerpo.
