Saxon se tumbó de costado, agarrándola por la cintura y arrastrándola consigo. Ella se movió automáticamente, levantando la pierna y colocándola por encima de él para estar más cómoda. Saxon se acercó un poco más para mantener aquella ligera penetración y los dos lanzaron suaves suspiros de alivio.

– ¿Tienes que marcharte? -le preguntó por fin-. ¿Por qué no puedes quedarte?

– Sin ti no podría soportarlo…

– ¿Y si… y si yo me quedara también? -sugirió él, con un gran esfuerzo-. ¿Y si siguiéramos como antes?

Anna levantó la cabeza para mirarlo. Era consciente de lo mucho que le había costado realizar aquella oferta. Saxon siempre se había cuidado mucho de no mostrar sus sentimientos en forma alguna, pero, en aquellos momentos, estaba ofreciéndose a ella, pidiendo unos vínculos que jamás habían existido entre ellos. Saxon necesitaba ser amado más que ningún otro hombre que ella hubiera conocido jamás, pero Anna no sabía si él sería capaz de tolerarlo. El amor suponía responsabilidades, obligaciones. No era gratis, requería un alto precio que se pagaba en la forma del compromiso.

¿Podrías hacerlo? -le preguntó, con la tristeza reflejada en los ojos y en el tono de su voz. No dudo que lo intentarías, pero ¿podrías quedarte? No hay vuelta atrás. Las cosas han cambiado y jamás volverán a ser las mismas.

Lo sé respondió él. La mirada que había en sus ojos le hizo mucho daño a Anna. En ellos había visto que Saxon no estaba seguro de poder salir airoso de aquel trance.

Nunca antes había husmeado en su pasado, igual que jamás le había dicho que lo amaba, pero su pequeño mundo se había revolucionado con tremenda rapidez y se había puesto patas arriba. A veces, para ganar, había que perder primero.



32 из 70