
– ¿Cómo va el café? -Lockie apareció, rompiendo la atmósfera de tensión que se había formado en la cocina-. Morgan ha decidido que se queda a tomar una taza -añadió, poniendo los ojos en blanco.
Georgia sacó automáticamente otra taza del armario, las llenó y las puso sobre una bandeja. Cuando iba a levantarla, Jarrod se adelantó a ella y le hizo una seña para que lo precediera al salón.
Morgan los esperaba, arrebujada en un sillón. Jarrod le dio una taza y ella le sonrió.
– Gracias, Jarrod -su joven voz sonó más ronca que de costumbre-. Supongo que habrás notado algunos cambios en la zona -continuó, animadamente-. Como el nuevo centro comercial y las casas que han construido por todas partes.
– Después de todo, ha estado cuatro años fuera, Morgan -dijo Lockie, en tono impaciente-. A mí me interesa más que nos hable de Estados Unidos.
Jarrod se encogió de hombros y se sentó.
– La verdad es que no tengo demasiado que contar. He estado trabajando un montón.
– ¡Eso es un sacrilegio! -exclamó Morgan, mirando a su hermana-. Pareces Georgia. Es lo único que hace: trabajar, trabajar y trabajar.
Georgia se sentó en un sillón aunque ansiaba ir a su dormitorio a descansar y quedarse a solas.
– No seas exagerada, Morgan.
– En cambio tú no haces nada -Lockie miró a su hermana con enfado-. Sólo te dedicas a salir por ahí con tus amigos.
Morgan le dirigió una mirada de odio.
– No salgo por ahí. Y, por si no lo sabes, no es fácil encontrar trabajo.
– Lo sabemos -intervino Georgia, para poner paz, pero Morgan alzó la mano.
– No te molestes en echarme un sermón -levantándose, dejó la taza bruscamente sobre la mesa -. A veces pienso que estáis esperando que me meta en un buen lío -y salió de la habitación.
Lockie comentó entre dientes:
– Tengo la sensación de que Steve y Morgan quieren jugar a ser mayores pero que son demasiado jóvenes -hizo una pausa y miró a Georgia con cara de preocupación-. ¿Un buen lío? ¿No estará tomando drogas o algo por el estilo, verdad?
