– Es encantadora. Todos la queremos mucho. Forma parte de la familia -Georgia hablaba por hablar, pero no podía detenerse-. Piensan casarse el año que viene.

– Me sorprende que Lockie esté dispuesto a atarse -dijo Jarrod-. Aunque tenga veintiocho años, me cuesta imaginarlo formando una familia.

Georgia contuvo la amarga carcajada que amenazó con brotarle de la garganta. Ella hubiera estado dispuesta a formar una familia con Jarrod siendo mucho más joven que Lockie.

– Supongo que me he quedado cuatro años atrás -continuó él-, y sigo pensando en Lockie como el muchacho de la pandilla que tocaba la guitarra -sonrió con tristeza y Georgia no pudo reprimir el impulso de mirarlo.

Y ya no consiguió apartar la mirada de él, cautivada por su boca, la blancura de sus dientes y los hoyuelos que se le formaban en las mejillas. Como siempre, tuvo deseos de seguir sus rasgos con la punta de la lengua, llegar a la comisura de su boca y adentrarse en ella. Con un movimiento brusco de cabeza, arrancó de su mente aquellos pensamientos libidinosos.

– Es increíble lo rápido que pasa el tiempo.

– ¿Tú crees? -la interrogante surgió de su boca sin haberla formado conscientemente y Jarrod la miró de pronto con una nueva quietud. Georgia intentó introducir un tono más superficial-. Creía que sólo las personas mayores se quejaban de eso -dijo, con una risa forzada.

Un silencio incómodo los envolvió, y Georgia dio un sorbo al café templado.

– Peter te ha echado de menos esta semana -dijo él, con una dulzura que la tomó por sorpresa.

– Lo siento -Georgia barrió la habitación con la mirada-. He estado muy ocupada y como sabía que habías venido, he pensado que…

– No querías arriesgarte a coincidir conmigo -concluyó Jarrod, bajando el tono de voz.

– No digas tonterías -dijo Georgia, con aprensión-. ¿Por qué iba a pensar eso? Supuse que tu padre querría pasar algo de tiempo contigo. Y es cierto que he estado muy ocupada.



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