Se puso en pie y alzó la barbilla.

– Creo que es lo mejor, Jarrod, teniendo en cuenta… bueno -se encogió de hombros, incómoda.

– ¿Teniendo en cuenta qué? -Jarrod entornó los ojos.

– Teniendo en cuenta todo lo que… -Georgia balbuceó-… todo lo que pasó. Soy más madura y sé mucho más que entonces. Así que no temas que vuelva a hacerte una escena. Eso forma parte del pasado.

– No creo haber dicho que ese fuera mi temor -dijo Jarrod, quemándola con la mirada. Tras una pausa, añadió-: Escucha, siempre fuimos buenos amigos. ¿Por qué no empezamos de nuevo e intentamos al menos ser amables el uno con el otro?

Su voz profunda despertó zonas aún más sensibles de Georgia, y ésta tuvo que morderse la lengua para no dejar escapar una carcajada amarga.

– ¿Amables? Claro que podemos serlo. Tú, yo. Y la tía Isabel.

Capítulo 3

Jarrod apretó los labios y sus mejillas se colorearon.

– No pienso volver a defenderme, Georgia. Tal vez pido demasiado al intentar olvidar el pasado. Pero me hubiera gustado que pudiéramos ser amigos -dijo pausadamente, como si le costara articular las palabras. Suspiró-. Es tarde. Debo marcharme, mañana me levanto temprano. Peter quiere que vaya a visitar la oficina de Gold Coast.

Georgia hubiera querido gritar: «Solías llevarme contigo». Posó los ojos en Jarrod y respiró con dificultad. Los recuerdos seguían acumulándose. ¡No! «Concéntrate en el presente», se ordenó. Pero el presente significaba mirar a Jarrod, perderse en su contemplación.

Su cuerpo se aproximaba más a la perfección que el de ningún otro hombre. Sus piernas largas y fuertes, su trasero firme, la espalda ancha y recta, los brazos sólidos que abrazaban formando un refugio cálido y seguro.

Georgia tragó con dificultad y se retorció las manos. «Olvida el pasado», se dijo en un gemido. «Olvida su cuerpo».



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