Jarrod no era más que eso, un cuerpo. Parte de un pasado que Georgia no necesitaba recordar.

Estaba ya en la puerta cuando se detuvo y volvió la cabeza hacia ella.

– Despídeme de Lockie. Y por favor, ven a ver a Peter. Te echa de menos.

Y tras esas palabras, se marchó.

Georgia se metió en la cama convencida de que padecería de insomnio, pero el agotamiento la hizo caer en un profundo sueño, librándola de pensar en Jarrod Maclean y en el desconcertante descubrimiento de que seguía afectándola tanto como en el pasado.


– ¡Georgia! ¡Georgia! -gritó Lockie, subiendo la escaleras del porche.

– ¿Por qué haces tanto ruido? -exclamó Morgan, que estaba sentada ojeando una revista de moda.

Hacía una semana que Jarrod había llevado a Georgia a recogerla y las cosas empezaban a adquirir cierta normalidad. Aunque eso no significaba que Morgan les hubiera dado explicaciones. Estaba más apagada que de costumbre y se negaba a dar explicaciones. Ni siquiera quería hablar con Steve, a pesar de que la llamaba todos los días. Lo único que decía era que Steve le había pedido que se casara con él y ella le había contestado que no quería comprometerse con nadie.

No habían visto a Jarrod y Georgia intentó convencerse de que había soñado su retorno y de que el Pacífico seguía separándolos.

– ¿Georgia? -llamó Lockie de nuevo.

– ¿Qué pasa ahora? -dijo Georgia, alzando la vista cuando Lockie irrumpió en el cuarto de estar. Estaba intentando acabar un trabajo para su curso de empresariales.

– ¡De todo! -Lockie se dejó caer sobre una silla…

– No será para tanto -Georgia sonrió.

– Juzga tú misma. ¿Qué quieres primero las buenas o las malas noticias? -suspiró profundamente e, inclinándose hacia adelante apoyó los codos en las rodillas y la cara en las manos-. Debería estar encantado pero…

Georgia arqueó las cejas y miró a Morgan antes de mirar a su hermano.



24 из 135