
– ¿Pero? ¿Por qué deberías estar encantado?
– Por el concierto que he conseguido en el Country Blues -dijo Lockie.
– ¿Qué concierto? -Georgia seguía enfrascada en su trabajo y sólo le dedicaba parte de su atención a su hermano.
– El concierto, Georgia. El que llevo intentado conseguir hace tiempo. El que me dijiste que consiguiera.
Georgia alzó la mirada.
– ¿El que te dije que consiguieras? ¿Te refieres al del Country Music Club, en Ipswich?
Lockie asintió con una sonrisa de oreja a oreja.
– ¡Eso es magnífico, Lockie! -dijo Morgan, levantando el pulgar en señal de triunfo.
– ¡Es maravilloso! -corroboró Georgia.
– ¡Ya lo sé! Llevo intentándolo toda la semana pero lo he conseguido por un golpe de suerte: el grupo que iba a tocar ha sufrido un accidente y no va a llegar a tiempo. Ha sido cuestión de estar en el sitio adecuado en el momento preciso.
– Es el destino -dijo Morgan.
– Es nuestra gran oportunidad, Georgia. Hemos trabajado un montón y nos merecemos una oportunidad. Por eso hemos ensayado tanto y hemos tocado en locales pequeños -se frotó las manos-. Este contrato puede llevarnos muy lejos. El Country Music Club es el lugar donde tocan todos los que luego se hacen famosos.
– ¿Y cuáles son las malas noticias? -preguntó Georgia.
– Que tenemos que empezar el viernes y Mandy todavía está en Nueva Zelanda -Lockie se puso en pie y dio varias zancadas-. ¿De dónde demonios voy a sacar una cantante para sustituirla?
– ¿No podéis hacerlo sin ella? -preguntó Georgia, compasiva.
– Probablemente. Pero ya sabes cómo es este negocio. Estamos abriéndonos camino con una cantante y necesitamos una mujer para resultar un grupo más atractivo -se paró en seco con las piernas separadas-. Nuestra música es buena pero el repertorio que llevamos ensayando todo el año necesita una voz de mujer. Los chicos no van a dar crédito cuando se lo cuente.
