
– Escucha, Georgia -Lockie la tomó por los hombros-. Eres una gran cantante, ¿no lo he dicho siempre? Casi tan buena como Mandy, ¿verdad, Morgan?
– Mejor -respondió, y Lockie decidió ignorarla.
– Sé que puedes hacerlo. Eres fantástica.
Georgia alzó los hombros para librarse de sus manos.
– No me adules, Lockie. Y no me presiones.
– ¿Adularte yo? -Lockie masculló algo entre dientes-. De acuerdo, Georgia, te lo explicaré de otra manera. El viernes por la noche representa nuestra gran oportunidad. Y ya sabes lo que me dijo Mandy: se acabaron los conciertos pequeños. He conseguido lo mejor, un concierto en el Country Music Club pero no tengo cantante. Y sin cantante, Country Blues no existe. ¿No lo comprendes? Tú eres la única persona que se conoce nuestro repertorio, no necesitarías practicar más que mañana.
– No puedo, Lockie, lo siento.
– Morgan, convéncela -Lockie acudió a su hermana menor-. Hazle comprender.
– No me metas en esto, Lockie. Ella es quien tiene que ponerse delante de toda esa gente y cantar.
– Muchas gracias -dijo Lockie, desesperado.
Georgia dejó escapar un suspiro de impaciencia.
– No tengo tiempo, Lockie. Y tengo que hacer turnos de tarde en la librería.
– Georgia, no es más que viernes y sábado. Sólo trabajas por la tarde el jueves.
– Seguro que no es legal llevar una cantante suplente y… -Georgia comenzó a argumentar.
– Lo diré en el club. Será oficial -Lockie se precipitó a responder-. Y Mandy estará de vuelta para el concierto del fin de semana siguiente. Sólo son dos noches, Georgia.
– Lockie, por favor -Georgia se pasó la mano por la frente.
– Sí, Lockie, ya la has presionado suficiente -intervino Morgan con un interés extraño en ella-. ¿Por qué no lo consultas con la almohada, Georgia? Y si mañana piensas lo mismo, Lockie tendrá que buscar otra sustituta, ¿de acuerdo?
