
Georgia accedió con un movimiento de cabeza.
– De acuerdo -dijo Lockie-. Necesito tomar un café y marcharme. Tengo que poner al día a los chicos -tras dirigir una mirada implorante a su hermana, se fue a la a cocina.
– ¿Qué vas a hacer? -preguntó Morgan.
– Siempre he discutido con Lockie sobre este asunto -dijo Georgia, abatida-. Desde que formó su primer grupo, quiso que cantara con ellos. Lo pasé bien durante un tiempo, pero…
Calló. Pero Jarrod había aparecido y estar con él se había convertido en lo más importante en su vida, abrazarse a él, hacer el amor…
– Si actuar ante público te pone tan nerviosa… -Morgan se encogió de hombros-, no tiene sentido que lo pases mal. Pero comprendo el punto de vista de Lockie. Es una lástima que Mandy esté en Nueva Zelanda en el preciso momento en que Lockie tiene un golpe de suerte.
Georgia asintió y fue a la cocina a preparar la cena. Lockie estaba sentado en la mesa, con la mirada fija en el café. Al oír entrar a Georgia, alzó la vista.
– Georgia, necesitamos el dinero de la actuación -dijo, en voz baja.
– Vamos, Lockie, sé que no somos ricos, pero tampoco es para tanto.
Lockie frunció el ceño.
– Yo sí necesito ese dinero, Georgia -hizo una pausa en la que Georgia lo contempló, sorprendida por la gravedad de su tono-. Sabes que tengo que pagar la furgoneta y llevo varios pagos retrasados.
– Pero Lockie -Georgia sacudió la cabeza-. ¿Cómo no me lo has dicho antes? Podría haberte ayudado.
Lockie levantó una mano.
– No, Georgia. Es mi responsabilidad -suspiró-. Y por otro lado está Mandy, ¿crees que me alegra retrasar la boda? No merece que la trate así.
Georgia podía sentir la crispación que iba creciendo en Lockie.
– Este concierto es fundamental, Georgia y se paga muy bien -insistió-. Si sale bien no tendremos que seguir contado cada centavo: ni Mandy y yo, ni los chicos, ni tú. Si actúas, podrás añadir una buena suma al dinero que estás ahorrando para el coche.
