– Lockie…

– Y papá. Podríamos invitarlo a unas vacaciones. No ha disfrutado de unas desde la muerte de mamá. Y también tenemos que pensar en Morgan. Podríamos contribuir a su curso de secretariado. ¿No lo comprendes?

– Lo que comprendo es que estás usando el chantaje emocional -dijo Georgia.

– Sólo son dos actuaciones, Georgia. Es lo único que te pido. Por favor, Georgia.

– ¡Oh, Lockie! -Georgia suspirón. De acuerdo -aceptó a regañadientes-. Pero sólo dos actuaciones.

El rostro de Lockie se iluminó con una sonrisa.

– Gracias, Georgia. No sabes cuánto significa para mí -se puso en pie y le dio un gran abrazo-. Voy a hablar con los chicos. Guárdame la cena en el horno. Hasta luego.

Más tarde, después de fregar, Georgia volvió al salón a acabar su trabajo. Era particularmente difícil y decidió aprovechar la calma de la noche y la paz de la casa vacía para terminarlo. Morgan había salido con unos amigos y Lockie todavía no había vuelto.

Estaba concentrada leyendo cuando la sobresaltó una llamada a la puerta. Al comprobar que se trataba de Jarrod, el corazón le dio un vuelco.

– Hola, Georgia -saludó él.

– Lockie no está -dijo ella. Y notó que Jarrod se tensaba al instante.

– No importa. ¿Puedo pasar?

Georgia dejó la puerta abierta y precedió a Jarrod al salón. Sin mirarlo, recogió los papeles y los libros y los dejó sobre la mesa del café.

Jarrod tomó uno de los libros y al leer el título, arqueó las cejas.

– Una lectura muy densa.

– Es parte de mi curso -respondió Georgia, sin dar más explicaciones.

– ¿Estás estudiando empresariales?

Georgia asintió con la cabeza.

– Espero acabar el año que viene. ¿Querías hablar con Lockie sobre algo en particular? No sé cuándo volverá -dijo en alto, pensando para sí que, con su suerte, Lockie elegiría esa noche para llegar tarde.



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