
– Prefiero hablarlo contigo -Jarrod dejó el libro y se sentó frente a Georgia.
Ella se preguntó si podría escuchar los latidos de su corazón golpeándole con fuerza el pecho. ¿Qué querría discutir Jarrod con ella?
– Se trata de Morgan -continuó Jarrod-. ¿Ha encontrado trabajo?
Georgia sacudió la cabeza y Jarrod siguió adelante:
– Puede que quede una plaza libre en las oficinas de Ipswich dentro de unas semanas y he pensado que tal vez le interese. ¿Ha hecho algún curso de secretariado o sabe usar el ordenador?
– Sólo lo que aprendió en el colegio.
– Si está dispuesta a hacer un curso, el trabajo es suyo.
– Gracias -dijo Georgia, con calma-, pero no tenías que haberte…
– Ya lo sé, Georgia -la interrumpió Jarrod-, pero la oferta está abierta. Depende de Morgan. Si le interesa, dile que pase a verme.
– Está bien, se lo diré.
– También he hecho algunas averiguaciones sobre su novio, Steve Gordon.
– Ah -Georgia miró a Jarrod con atención.
– Parece un muchacho equilibrado. Su jefe dice que es uno de los mejores aprendices que ha tenido.
– Me cae bien -Georgia intentó relajarse. Se apoyó en el respaldo y se metió las manos en los bolsillos para dejar de abrirlas y cerrarlas nerviosamente. Pero en cuanto sintió la mirada de Jarrod sobre la curva de sus senos, se puso en pie y removió unos papeles para ocultar su turbación.
– ¿Os ha explicado Morgan qué ocurrió aquella noche? -preguntó Jarrod en cuanto al tensión se disolvió un poco.
– No, y nadie es capaz de encontrar una explicación razonable. Lo hemos intentado tanto Lockie como yo -Georgia suspiró-. Me temo que es una chica difícil.
– ¿Ha hablado Lockie con Steve?
– Claro que sí -replicó, cortante-. Steve mantiene que no pegó a Morgan intencionadamente. Se pelearon. Él se dio la vuelta con el brazo levantado y, sin querer, le dio en la cara. Jura que se siente horriblemente culpable, pero Morgan no está dispuesta a aceptar sus disculpas.
