
– Es curioso el tipo de detalles cotidianos que recuerdas cuando estás fuera -Jarrod rió con amargura-. ¿Sabes qué es lo que recuerdo con más nitidez?
Georgia, incapaz de hablar, se limitó a sacudir la cabeza aunque hubiera querido gritar: «No, no sé qué es lo que recuerdas, pero sí lo que olvidas».
– El sonido de los pájaros antes de la tormenta.
¿Ése era su recuerdo más querido? Georgia frunció los labios en una mueca de amargura. Claro que, ¿por qué iba a recordar una relación apasionada con una joven inocente y entregada que lo adoraba?
– Gracias por ir a visitar a Peter anoche -dijo Jarrod cuando Georgia no dio señales de continuar la conversación.
Ella se encogió de hombros al tiempo que se sentaba.
– Lo encontré muy bien. La tía Isabel me dijo que había pasado un buen día. Imagino que no hay ninguna posibilidad de que… -Georgia dejó la pregunta en el aire y Jarrod sacudió la cabeza.
– El médico dice que es cuestión de tiempo. Han pasado veinticinco años desde su terrible accidente y según él, ha sido muy afortunado.
– Lo siento, Jarrod -dijo Georgia, deseando que las palabras no resultaran tan huecas.
– Así es la vida.
Ambos alzaron la cabeza cuando el sonido de un coche irrumpió en sus respectivas preocupaciones. El silencio se prolongó mientras se oyó unas pisadas aproximarse.
– ¡Hola, Jarrod! ¿Has llegado hace mucho tiempo? -Lockie preguntó, animado.
– No demasiado -Jarrod se metió las manos en los bolsillos-. Supongo que has estado ensayando. ¿Qué tal el grupo?
– Fenomenal -los ojos de Lockie se iluminaron-. He conseguido un concierto fantástico en el Country Music Club. ¿Te acuerdas de él? -Jarrod asintió-. Puede significar nuestro lanzamiento. El cielo es el límite -Lockie se frotó las manos-. ¿Qué te parece, Georgia?
– Que Nashville debía echarse a temblar -comentó Georgia, ácida, recibiendo una mueca de Lockie.
