– Muy graciosa. No nos respetas nada. Pero no te preocupes, no te guardaré rencor.

– Y seguro que no olvidarás a tus humildes amigos, ¿verdad? -Jarrod sonrió, recordando los viejos tiempos-. ¿Cuándo es el acontecimiento?

– El viernes por la noche -Lockie se sentó en el brazo del sillón-. ¿Por qué no vienes a darnos apoyo moral?

– Claro que iré.

– Estupendo. Así estaremos seguros de que al menos una persona nos aplaudirá, ¿verdad, Georgia?

– ¿Una? -una sonrisa seguía bailando en los labios de Jarrod y Georgia tragó saliva-. Con Morgan y Georgia seremos tres por lo menos. Supongo que irá a verte toda la familia.

– Yo no… -Georgia se detuvo bruscamente al darse cuneta de que Jarrod estaría entre el público. ¿Qué pensaría cuando la viera sobre el escenario?

Jarrod la observó atentamente.

– Sería una pena que te perdieras el concierto de Lockie -insistió.

– Perdérmelo -repitió Georgia, como un autómata. Jarrod iba a llevarse una desagradable sorpresa al conocer la verdad-. Desde luego que sí.

Lockie frunció el ceño y Georgia adivinó que temía que hubiera cambiado de idea.

– Pero Georgia…

Georgia suspiró y le hizo una señal con la mano.

– Claro que iré, Lockie.

Lockie se relajó y Jarrod los miró alternativamente, mientras los pensamientos de Georgia volvían al pasado, a otras ocasiones en que había cantado con el grupo en público y Jarrod le había dicho, enfurruñado, que no quería compartirla con el público. Pero era una broma y tras besarse, habían reído juntos.

Sacudió la cabeza para ahuyentar aquellos recuerdos.

– Los chicos están encantados de que… -comenzó Lockie.

– De que les hayan seleccionado -intervino Georgia, apresuradamente-. Y no me extraña. Ha sido una gran suerte.

– ¿Es el mismo grupo que cuando… -Georgia notó la pausa imperceptible que hacía Jarrod y se tensó- me fui a los Estados Unidos?



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