
– Creía que no te gustaba actuar en público -siguió él, entornando los ojos.
Georgia se dijo que era una mujer libre y que podía hacer lo que le diera la gana sin pedirle permiso. Jarrod no era su guardián y no tenía derecho a amonestarla.
– Eso era hace años -dijo, sosteniéndole la mirada-. He cambiado mucho desde entonces.
– Georgia sólo va a… -comenzó Lockie, pero ella lo interrumpió.
– Estoy ansiosa porque todo vaya bien -dijo rápidamente, esquivando la mirada de Lockie-. Si todo va bien esperamos grabar un disco, ¿verdad, Lockie?
– Sí -su hermano le siguió la corriente-. Y hablando de discos. Ken me ha dicho que D.J. Delaney, de la compañía de discos Skyrocket, suele ir al Country Club, así, ¿quién sabe? Puede que no sea tan improbable como pensamos. Si cantamos los temas adecuados… Algo que le llame la atención.
– Os deseo mucha suerte -dijo Jarrod, poniéndose en pie-. Será mejor que me marche. Os veré el viernes por la noche -miró a Georgia pero se limitó a despedirse con una inclinación de la cabeza antes de marcharse.
– ¿Por qué no me has dejado decirle que estabas sustituyendo a Mandy? -preguntó Lockie en cuanto Georgia cerró la puerta.
– ¿Acaso es de su incumbencia? -preguntó Georgia, cortante.
– No, pero…
– No entiendo por qué le tenemos que contar a Jarrod todo lo que nos pasa -dijo Georgia, y sin esperar respuesta, se encaminó hacia la cocina-. Voy a servirte la cena.
Mientras Lockie cenaba, Georgia volvió al salón para continuar con su trabajo, pero no logró concentrarse. Dándose por vencida, decidió irse a la cama. Cuando empezaba a recoger Lockie apareció en la puerta.
– Me voy a la cama -dijo Georgia animada, para compensar por el mal humor que había mostrado anteriormente.
– Espera un momento, Georgia -Lockie la miró con expresión seria-. Quiero hablar.
Georgia se sentó.
