– ¿De qué? Si se trata del concierto, prefiero dejarlo hasta que revisemos el repertorio, si no, puede que me quite el sueño -dijo, con una sonrisa.

– No se trata de eso -Lockie se sentó frente a ella-. Quiero hablar de ti y de Jarrod.

Georgia sintió cómo sus facciones se tensaban e hizo ademán de incorporarse, pero Lockie se lo impidió.

– No hay nada de qué hablar -dijo ella.

– ¿Tú crees?

– Y aunque lo hubiera, no es algo que me apetezca discutir.

– Pues a mí sí -dijo Lockie con determinación.

– Por favor, ahora no.

– Sí, ahora, aprovechando que estamos solos y que me parece un asunto urgente.

– No hace falta decir nada. Déjalo, Lockie, estoy cansada y…

– No, Georgia. Escucha, sé que en su momento no dijiste nada -Lockie se levantó y se alejó unos pasos antes de volverse-, pero ¿no te das cuenta de lo cruel que estás siendo? ¿No te das cuenta del daño que le haces?

Capítulo 4

– ¿Que si me doy cuenta del daño que le hago? -repitió Georgia, incrédula-. ¿Y qué es exactamente lo que le hago, Lockie?

– Tratarlo como si fuera un leproso.

– ¿Y cómo debo tratarlo? ¿Echándome a sus pies con lágrimas en los ojos y diciendo: «Tómame, soy tuya»?

Lockie se ruborizó.

– Sabes que no me refiero a eso, Georgia. Quiero decir que no le… -Lockie buscó la palabra adecuada.

– ¿He dado la bienvenida con los brazos abiertos? -concluyó Georgia-. Por Dios, Lockie, ¿crees que soy masoquista?

– Podrías ser amable -sugirió él.

¿Amable? ¿No había dicho Jarrod eso mismo?

– Podría ser muchas cosas -dijo Georgia, con amargura.

– Y podrías olvidar el pasado.

Georgia dejó escapar una carcajada.

– Eso es lo que he hecho, al menos hasta que Jarrod ha vuelto para recordármelo.

– Lo cierto es que está aquí y tienes que aceptar que vas a verlo regularmente.



37 из 135