
– Por engañarlo.
– ¿Enga…? -Georgia cerró la boca y apretó los labios-. ¿Te ha dicho él eso? -preguntó con una calma amenazadora.
Si era así… ¿Sería capaz Jarrod de tergiversar la verdad tan cruelmente? Georgia creía haber sufrido todo lo que tenía que sufrir, pero tal vez estaba equivocado.
– Claro que no -negó Lockie- No vi a Jarrod antes de que se marchara a Estados Unidos. Fui a decirle que… -hizo una pausa-, que habías tenido un accidente. La tía Isabel me dijo que Jarrod se había marchado y que no volvería. Como no tenía sentido, deduje que debías estar saliendo con otro chico al mismo tiempo, si no, él jamás se habría ido. Especialmente cuando… -dejó la frase en el aire y miró hacia otro lado.
– ¿Qué yo salía con otro? -dijo Georgia, con amargura. Su hermano asintió-. ¿Y no se te ocurrió que era Jarrod el que me engañaba?
Lockie la miró a los ojos y sacudió la cabeza lentamente.
– No, Georgia. Jarrod te adoraba.
El dolor y la ira bulleron en Georgia hasta casi ahogarla. ¿Adorarla? Ésa era la mejor broma del siglo. Si Lockie supiera la verdad… Suspiró y su furia pareció diluirse. Negando con la cabeza, se alejó de su hermano. Temía no poder contener la lágrimas que llevaban años sin brotar de sus ojos.
– Oh, Lockie, no sabes lo equivocado que estás -dijo, apesadumbrada.
– No creo, Georgia. Jarrod te amaba y yo creía que tú a él también.
– Estabas en lo cierto a medias: yo lo amaba, pero él a mí no.
– Vamos, Georgia. Lo vi todo. Sé que fuiste a verlo, o eso creía. Pero no era verdad, ¿no es cierto? Había otro hombre -Lockie se acercó a ella-. ¿Cómo pudiste hacerle eso a Jarrod con lo que él te amaba?
Georgia se giró bruscamente.
– No había nadie más, Lockie. Ésa es la verdad, aunque no tenga por qué darte explicaciones.
