
– Si no vienes a por mí, me iré andando.
– No puedes hacer eso a esta hora de la noche -dijo Georgia.
– Pues ven a por mí.
– De acuerdo. Espéranos. Llegaremos en media hora. Y por favor…
– ¡Ahora no, Georgia! -interrumpió Morgan-. Te lo explicaré más tarde. Sólo quiero irme de aquí, así que date prisa -y colgó.
– ¿Qué ocurre? -preguntó Lockie.
– Morgan quiere volver a casa -explicó Georgia.
– ¡Lo que nos faltaba! -Lockie levantó los brazos exasperado.
– Dice que se ha peleado con Steve y que él la ha pegado.
– ¿Steve? No me lo creo -exclamó Lockie-. Seguro que Morgan le pegó primero a él.
– ¡Por favor, Lockie! -Georgia se pasó la mano por la frente-. Tenemos que ir a por ella. Voy a cerrar mientras tú vas a por la furgoneta.
– La furgoneta no está aquí.
Georgia se paró en seco.
– ¿Dónde está?
– La tienen Andy y Ken. Ya te dije que el casero de Andy se había quejado de sus ensayos con la batería. Se ha mudado y les he dejado la furgoneta para que llevaran las cosas. No sé cuándo me la devolverán.
Georgia sintió una punzada en el estómago y olvidó su cansancio.
– Tendremos que llamar a un taxi -se volvió hacia el teléfono, calculando mentalmente el dinero que le quedaba para llegar a fin de mes.
Lockie la detuvo.
– No hace falta, Georgia.
Georgia arqueó las cejas y él tosió con nerviosismo.
– Jarrod va a pasar por aquí. Él puede llevarnos.
Georgia se quedó paralizada. Volvió la cabeza lentamente hacia su hermano.
– ¿Por qué va a…? -no pudo concluir la frase.
– ¿Y por qué no? -Lockie preguntó, mirándola fijamente-. Es mi mejor amigo y acaba de volver de los Estados Unidos.
Georgia hizo un esfuerzo para sobreponerse externamente aunque su pulso se hubiera acelerado y el nudo que se le había formado en el pecho amenazara con ahogarla.
