Con un esfuerzo sobrehumano, apartó de su mente aquellos pensamientos y miró a Jarrod a los ojos.

Sus ojos azules le devolvieron la mirada desde la penumbra, pero aun así, Georgia percibió en ellos un brillo de deseo tan intenso como el suyo, y, por un instante, se sintió invadida por la alegría.

– Hola, Georgia -dijo él, tranquilo-. Siento venir a esta hora, pero Lockie me ha dicho que estarías trabajando hasta tarde. No he logrado coincidir contigo en estos días.

– Es una suerte que hayas venido -Lockie intervino para romper la tensión que llenaba el ambiente-. ¿Puedes llevarnos a Oxley? Morgan acaba de llamarnos diciendo que quiere volver a casa.

– Claro -Jarrod apartó su mirada de Georgia y miró a Lockie-. ¿Qué ha pasado?

– Morgan siempre nos da problemas -comentó Lockie.

– Será mejor que nos pongamos en marcha. Le dije que estaríamos allí en media hora -Georgia dio un paso adelante-. Sólo si no es un inconveniente, J. Si no, podemos tomar un taxi.

– No es ningún problema -dijo él.

Estaban al pie de la escalera cuando Lockie se detuvo.

– Será mejor que deje una nota en la puerta por si Andy viene a traer la furgoneta antes de que volvamos. En seguida vengo -y los dejó solos.

Georgia siguió a Jarrod en silencio, por el sendero, hasta el coche.

Capítulo 2

Jarrod conducía una de las camionetas de la compañía de su padre, con la inscripción «Construcciones Maclean», grabada en el lateral. Rodeándola, se acercó a la puerta del pasajero y la abrió.

Georgia, con los nervios a flor de piel, se quedó parada. Jarrod la observó y por fin pareció relajarse levemente. Apoyando el brazo sobre la puerta, dijo:



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