
Fleur dejó el maletín en el suelo y se sentó, nerviosa.
– Por lo que puedo ver aquí, parece que Brian Batley tenía una actitud… digamos muy relajada con su cuenta.
Fleur asintió con la cabeza. Pero aquella mujer estaba confundiendo la actitud comprensiva de Brian, un hombre que sabía el tiempo que necesitaba una planta para crecer, y su apoyo durante los momentos difíciles, con la inactividad. Pero con decírselo no iba a ganar nada.
– Brian sabía lo difíciles que fueron las cosas para nosotros en los últimos años, pero también sabía que al final lo conseguiríamos. Que, con un poco de tiempo y esfuerzo, podríamos salir adelante.
– ¿Y cómo sabía eso? Su negocio consiste en vender plantas y flores, señorita Gilbert. ¿Cómo piensa su padre hacer eso si no sale nunca de casa?
– Yo no he dicho que no salga nunca de casa -replicó Fleur-. Además, él es un especialista en fucsias, señora Johnson, y como usted sabrá, las fucsias crecen en invernaderos.
Esperaba que esa explicación fuera incontestable.
– Si ése es el caso, ¿por qué se ha hecho usted cargo del negocio?
«Incontestable» era, aparentemente, un término desconocido para la señora Johnson.
– Porque ése ha sido mi destino desde el día que nací. Y porque tengo un título en horticultura.
– Hace falta algo más que un título para no tener la cuenta en descubierto, hace falta experiencia.
Fleur no había sabido que tendría que hacerse cargo de todo tan pronto. El plan era trabajar en otras empresas al principio, ampliar sus conocimientos, como había hecho Matt. Y había estado a punto de trabajar con él en una conocida empresa… Una de las ventajas de que sus padres no se hablaran era precisamente que ninguno de ellos sabrían que trabajaban en el mismo sitio…
Y entonces todo se vino abajo.
Pero así era la vida. No valía de nada hacer planes.
