
Hay ataque y ataque. Fuera de la selva, y entre cuatro hombres, la Ñacanina no se hallaba a gusto. Se retiró a escape, concentrando toda su energía en la cualidad que, juntamente con el valor, forman sus dos facultades primas: la velocidad para correr.
Perseguida por los ladridos del perro, y aun rastreada buen trecho por éste -lo que abrió una nueva luz respecto a las gentes aquellas-, la culebra llegó a la caverna. Pasó por encima de Lanceolada y Atroz, y se arrolló a descansar, muerta de fatiga.
VI
– ¡Por fin! exclamaron todas, rodeando a la exploradora-. Creíamos que te ibas a quedar con tus amigos los Hombres…
¡Hum!… -murmuró Nacaniná.
– ¿Qué nuevas nos traes? -preguntó Terrífica.
– ¿Debemos esperar un ataque, o no tomar en cuenta a los Hombres? -Tal vez fuera mejor esto… Y pasar al otro lado del río repuso Nacaniná.
¿Qué?… ¿Cómo?… -saltaron todas-. ¿Estás loca?
– Oigan, primero.
¡Cuenta, entonces!
Y Ñacaniná contó todo lo que había visto y oído: la instalación del instituto Seroterápico, sus planes, sus fines y la decisión de los hombres de cazar cuanta víbora hubiera en el país.
– ¡Cazarnos! -saltaron. Urutú Dorado, Cruzada y Lanceolada, heridas en lo más vivo de su orgullo-. ¡Matarnos, querrás decir!
– ¡No! ¡Cazarlas, nada más! Encerrarlas, darles bien de comer y extraerles cada veinte días el veneno. ¿Quieren vida más dulce?
La asamblea quedó estupefacta. Ñacaniná había explicado muy bien el fin de esta recolección de veneno; pero lo que no había explicado eran los medios para llegar a obtener el suero.
¡Un suero antivenenoso! Es decir, la curación asegurada, la inmunización de hombres y animales contra la mordedura; la Familia entera condenada a perecer de hambre en plena selva natal.
– ¡Exactamente! -apoyó Nacaniná
– No se trata sino de esto.
Para la Nacaniná, el peligro previsto era mucho menor. ¿Qué le importaba a ella y sus hermanas las cazadoras -a ellas, que cazaban a diente limpio, a fuerza de músculos- que los animales estuvieran o no inmunizados? Un solo punto oscuro veía ella, y es el excesivo parecido de una culebra con una víbora % que favorecía confusiones mortales. Be aquí el interés de la culebra en suprimir el Instituto.
