
– ¿Necesitas ayuda?
Nova negó con la cabeza como respuesta y dejó que Arvid se la llevara de allí. Su mochila descansaba ahora en la espalda de él. Subieron los últimos metros de la cuesta de la calle Göt; Arvid cargaba a Nova más que sujetarla. En su compañía, se sentía más tranquila. Era una de las pocas personas que tenían esa influencia sobre ella.
Antes de entrar, Arvid controló que nadie los viera, y luego cerró la puerta tras de sí.
Nova y Arvid subieron unos cuantos escalones y entraron en los locales de Greenpeace. En lugar de seguir por el pasillo hasta el local grande y la cocina, tomaron a la derecha y entraron en una pequeña sala de reuniones que llamaban «célula». No querían arriesgarse y despertar a Stefan Holmgren, que era el responsable de la actividad de Greenpeace en Suecia. A veces dormía en el despacho a falta de otra vivienda. Lo último que querían era que se enterara de lo que habían hecho.
La habitación era completamente cuadrada y parecía una sala de interrogatorios de una serie de detectives americana; la luz excesivamente fuerte del fluorescente titilaba de vez en cuando. Apenas estaba amueblada: sólo una mesa de plástico y cuatro sillas. El hombre alto que esperaba allí vio asombrado e intranquilo cómo Nova se desplomaba en una silla. La gorra se le cayó al suelo y dejó a la vista sus rastas rubias. Dos le cayeron delante de la cara, pero ella no se preocupó de apartárselas. Detrás de su silla había un gran póster con una fotografía tomada en Groenlandia. Era la imagen del barco de Greenpeace, el Rainbow Warrior, que documentaba los efectos del cambio climático en los hielos de Groenlandia y en los glaciares.
En situaciones normales, en cuanto Arvid se acercaba a la espectacular fotografía, no podía evitar explicar a quien hubiera por allí que había formado parte de aquella expedición. Muchos quedaban impresionados de que hubiera estado a bordo del barco que casi estaba declarado patrimonio cultural y que tanto valor simbólico tenía para Greenpeace. Sin embargo, en aquellos momentos nadie pensaba en eso.
