Nova se repuso un poco y les dijo:

– Estaban allí. En el piso.

– ¿Qué? ¿Estaban en casa? -preguntó Eddie, que los había estado esperando en la habitación-. Pero si estuvimos vigilando el piso toda la tarde y tampoco nadie contestaba al teléfono.

Era pelirrojo, y durante los meses de verano sus pecas se tornaban de color cobre ya que se pasaba la mayor parte del tiempo al aire libre, durmiendo o despierto. Los amigos más íntimos a veces lo llamaban Tronco por un incidente que tuvo cuando se entusiasmó demasiado en una de las maniobras navales habituales de Greenpeace. Prefería ese nombre al que tenía en realidad, Eddie, por el antihéroe inglés que fue el último en salto de esquí el mismo día que él nació. «Seguro que mis padres no tenían grandes esperanzas depositadas en mí -solía explicar-, porque me pusieron el nombre de un saltador que tenía vértigo.» Eddie the Eagle fue el primero y también el último que participó bajo la bandera de Inglaterra en aquella modalidad olímpica y el hermano pequeño de Eddie estaba muy agradecido por ello.

– No, o sí, estaban en casa -respondió Nova a la pregunta-. Estaban muertos.

En ese momento fue cuando los dos jóvenes se asustaron de verdad.

– ¿Qué dices, muertos? -dijeron a una.

– Estaban allí en el dormitorio y…

Nova tenía dificultades para expresarse, ya que no encontraba las palabras que pudieran describir lo horripilante que era lo que había visto.

– … era como si hubiera sido un montaje. El asesino tiene que estar enfermo de verdad.

– ¿El asesino? ¿Habían sido asesinados? -gritó Eddie.

Nova dio un respingo asustada por el grito y se quedó encogida en la silla.



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