
La mujer mencionó que Pinegrove había recibido una beca de investigación. De entre las primeras filas se alzó una mano y un hombre se puso en pie para formular una pregunta.
– ¿Qué clase de investigación se realiza aquí? ¿Están especializados en algo en concreto?
La mujer miró a Cleaver.
– Creo que es justo decir que nuestro programa ha sido preparado por el doctor Cleaver y se ajusta perfectamente a sus intereses.
– ¿Y qué es lo que le interesa a usted, doctor Cleaver? -preguntó el hombre.
Cleaver se adelantó hasta quedar frente al grupo, las manos cruzadas detrás de la espalda.
– En primer lugar, permítanme decir que percibo que algunos de ustedes se sienten un tanto conmocionados por lo que han tenido ocasión de ver hoy durante su visita. Espero que así sea. Es la razón por la que deseo que vengan a visitarnos. Quiero que vean con sus propios ojos lo que le sucede a una institución cuando los únicos que se preocupan por ella son quienes trabajan allí. Lo que han visto hoy aquí es el emblema de la negligencia de la sociedad.
Miró las caras del grupo.
– Ahora contestaré a su pregunta. ¿Qué es lo que me interesa? Me interesa la mente humana, pura y simplemente, en todos sus aspectos: cómo crece, cómo se desarrolla, cómo progresa y cómo se derrumba. En especial, cómo se derrumba. La enfermedad y las desgracias son grandes maestras.
Qué cosa tan extraña había dicho, pensó Kate, pero era verdad.
Cleaver volvió a pasear la mirada por los presentes y continuó hablando.
– Ésa es la razón por la que estoy aquí, para ayudar a algunas de estas pobres almas y para trabajar con ellos para ayudar a los demás. Hasta el momento, mi trabajo me ha enseñado dos cosas. Una: el estudio de la anormalidad es el camino que nos conducirá a comprender la normalidad. Al mirar algo que se ha roto, podemos comprender cómo funciona cuando está completo. Dos: la mente es una verdadera maravilla; es capaz de muchas más cosas de las que podemos llegar a imaginar.
