Su vida -si alguna vez se había parado a pensar en ella en esos términos- era perfecta… excepto por las noches, las horribles noches.

Tyler volvió a subirse la manta hasta la barbilla y cambió de posición hasta quedar apoyado sobre el estómago. Hundió la cara en la almohada hasta que le resultó difícil respirar. Acercó un extremo de la almohada con la mano hasta formar un pequeño montículo debajo de la mejilla izquierda. Podía oír a su padre en la habitación contigua y fragmentos de música. Eso hizo que se sintiera mejor, menos solo. Pero, aun así, no era lo mismo con su madre ausente. No tenía idea de dónde se encontraba o cuándo regresaría o incluso, y eso era lo que lo aterraba, si regresaría. Cuando se había inclinado para abrazarlo y despedirse con su traje gris, la larga cabellera cayendo sobre los hombros mientras lo cogía entre los brazos y la fragancia de su perfume cubriendo cada uno de sus poros, ella le había dicho que estaría de regreso «antes de que lo sepas». Pero él supo, mientras*la observaba a través de la ventana, apurando el paso por el camino empedrado del jardín, que sólo era una de esas cosas absurdas que suelen decir los adultos.

De pronto, se quedó paralizado. Levantó la cabeza de la almohada. Allí había algo. Él había oído algo.

No sabía qué era. Pero no estaba dormido, no estaba soñando. En su habitación había algo.

Tyler contuvo el aliento. Podía sentir una presencia. Podía sentir que lo sentía a él. Sus oídos estaban inundados de silencio y su corazón golpeaba contra las costillas. ¿Se atrevería a darse la vuelta? Apoyó lentamente los brazos contra la cama, separó el pecho del colchón y volvió la cabeza. Se giró de cara a la puerta y abrió los ojos, de par en par, en la penumbra de la habitación.

¡Estaba allí!

De pie en el vano, todavía con el traje gris. ¡Mamá! La luz procedía de detrás de ella, la envolvía en una especie de aura, de modo que resultaba difícil verla. Pero supo al instante que era ella. Y su madre lo estaba mirando, con anhelo, con una expresión tan intensa que él jamás había visto antes. En su mirada había una mezcla de amor y dolor.



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