La parte inferior de su rostro estaba en penumbra. No podía decir si le estaba sonriendo. Pero había algo en ella, en su postura enmarcada en el halo de luz, ligeramente hundida, que hacía que pareciera diferente… distante, triste.

Tyler tenía miedo. Estaba inmóvil. Quería esconderse de ella y, al mismo tiempo, levantarse de la cama y correr hacia su madre. Los sentimientos se agolpaban en su interior.

Y entonces la figura que estaba en la puerta de la habitación se movió ligeramente, cambió el peso del cuerpo hacia un lado. Alzó el brazo derecho con lentitud. Tenía los dedos extendidos; se movían. Tyler comprendió que ese momento era muy importante. ¿Su madre le estaba haciendo señas para que la siguiera? ¿O estaba haciendo un gesto de despedida?

El momento quedó detenido en el tiempo, para siempre. Luego ella se volvió lentamente, se alejó un par de pasos y miró por encima del hombro. Y luego desapareció.

Tyler parpadeó. Cerró los ojos con fuerza, los mantuvo cerrados durante un segundo y luego volvió a abrirlos. Allí no había nada, ningún vestigio, ni siquiera una sombra. Miró en derredor: nada había cambiado; nada se había movido. Y la puerta… ¡la puerta estaba cerrada!

La mañana siguiente transcurrió a cámara lenta. Permaneció en su habitación la mayor parte del tiempo. El teléfono no paraba de sonar y los vecinos acudieron a la casa, hablando en voz baja. Oyó a un presentador de noticias que hablaba con tono solemne en la televisión. Oyó que su padre hablaba, un sollozo ahogado, tan quedo que no pudo creer que viniese de él.

Y luego, después de un rato, cuando oyó los pasos de su padre en el corredor, acercándose pesadamente a su habitación, en algún lugar de su interior supo lo que su padre venía a decirle. Sabía que su vida estaba a punto de cambiar para siempre. En la confusión de emociones que sentía en ese momento se preguntó por qué era capaz de mantenerse de pie, por qué su mente seguía funcionando, por qué era capaz de discernir los dibujos del papel pintado. Y se preguntó, mientras aferraba su koala y veía cómo comenzaba a girar el pomo de la puerta, cómo se lo iba a decir su padre exactamente; y, por alguna razón que ignoraba, se preparó para fingir sorpresa.



8 из 446