
Si en ese momento hubiera podido dar media vuelta y volverse a casa, lo habría hecho. Pero el taxi estaba aminorando la velocidad…
El corazón de la casa de Luke residía en la cocina, un enorme e impresionante espacio de trabajo que había diseñado personalmente. Contaba con cinco fregaderos, tres cocinas, dos hornos y un microondas, todos de la tecnología más moderna y sofisticada. En una esquina había un escritorio y un ordenador. En aquel instante lo encendió para comunicarse con El Local de Luke, el restaurante que había abierto cinco años atrás. La contraseña le permitió entrar en la contabilidad, donde pudo comprobar que los ingresos de la noche anterior habían sido muy altos. Una visita a El Otro Local de Luke, abierto hacía solamente un año, arrojó unos resultados igualmente satisfactorios.
Su página Web mostraba un notable número de visitas desde su programa televisivo del día anterior. Era un programa de cocina y, desde que apareciera el primero hacía año y medio, los índices de audiencia no habían dejado de subir. Brevemente echó un vistazo a su correo electrónico… hasta que encontró algo que le hizo fruncir el ceño. El mensaje que le había enviado la noche anterior a Josie no había sido recibido. Y aquello era algo inusual en su hija, que solía leer todos sus mensajes nada más recibirlos y se apresuraba a contestarlos.
