Inspirado, se puso a preparar el desayuno perfecto para una modelo: una nueva receta que había diseñado para sus restaurantes.

«No hay nada como matar dos pájaros de un tiro», comentó para sus adentros. Cebolla, vinagre, lechuga, pedazos de fruta, fresa, brotes de alfalfa. Dejó preparados todos los ingredientes y se dedicó a elaborar la salsa para la ensalada: iba a ser una obra de arte. Podía oír a Dominique moviéndose en el piso de arriba, y el sonido del agua de la ducha. Preparó café y se esmeró en la presentación del desayuno.

Cuando Dominique bajó, Luke advirtió que le brillaban los ojos al ver las molestias que se había tomado con ella y que esbozaba una radiante sonrisa de satisfacción.

– Querido Luke, eres un encanto…

– Espera a ver lo que he creado para ti – le dijo, colocando delante de ella el plato de ensalada-. Menos de doscientas calorías y nutritivo a más no poder.

– ¡Mmm! Tiene un aspecto delicioso – saboreó el primer bocado con una expresión de éxtasis-. ¡Cielos! Y lo has creado precisamente para mí.

«Para ti y para los clientes que pagarán veinticinco dólares por este plato, además de los cientos de miles de personas que ven mi programa los martes y viernes», pensó Luke.

– Es justo lo que una modelo como tú necesita -le aseguró-. Solo tres gramos de grasa.

– Oh, Luke, cariño, eres maravilloso. Por eso te adoro tanto. Y tú también me adoras, ¿verdad? Estoy segura de ello por estos detalles que tienes conmigo…

Percibiendo que la conversación estaba tomando un rumbo peligroso, Luke volvió a llenarle la taza de café y le dio un beso en la punta de la nariz. Pero Dominique no estaba dispuesta a dejarse distraer tan fácilmente.

– Como antes te estaba diciendo, nos llevamos tan bien los dos que a mí me parece que… -justo en aquel preciso instante descubrió la foto. Y Luke suspiró aliviado-. No había visto esa fotografía antes -dijo frunciendo el ceño.



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