– Bonita, ¿eh?

– Me encanta. ¿Cómo puedes permitirte vestir a la última moda y además pagarte las clases, si no es indiscreción?

– Me visto con lo que a la gente no le vale. Los vaqueros son de una tienda de artículos de segunda mano, el sombrero es de una organización de beneficencia y el suéter me lo he tejido yo misma a base de retales.

Luke sonrió, encantado. Y la historia que le contó dejó fascinada a Pippa. Era, como ella había adivinado, estadounidense, de Los Ángeles. Su pasión era la cocina y los únicos libros que abría eran de recetas. Más allá de eso, no tenía un solo pensamiento en la cabeza que no tuviera que ver con nadar, surfear, comer, beber y, en general, pasárselo bien. Tan poca diversión había habido en la vida de Pippa que aquel joven le pareció como venido de un mundo mágico, en el que la luz era siempre dorada, las sensaciones exquisitas y la juventud eterna. Y tenía una gran ambición.

– Yo no solo quiero ser cocinero: de esos hay ya muchos -le explicaba-. Quiero ser el mejor cocinero, así que tengo que encontrar algo que me haga destacar sobre los demás. Ahorré todo el dinero que pude y me vine a Europa, a trabajar en los grandes hoteles. Estuve seis meses en el Danieli de Venecia, otros seis en el George V de París y ahora estoy en el Ritz de Londres. Cuando se me acabe el permiso de trabajo, volveré a Los Ángeles y me haré llamar «Luke del Ritz». Eh, ¿es que te has atragantado con algo? – vio que Pippa se había doblado sobre sí misma, como si se estuviera ahogando.

– No puedes hacer eso -en realidad, estaba riendo a carcajadas-. ¿Luke del Ritz? ¡Se reirán tanto que ni siquiera serán capaces de comer!

– ¡Oh! -exclamó, decepcionado-. ¿No crees que se sentirán impresionados?

– Creo que te lanzarán tomates.

De repente Luke tomó conciencia de lo acertado de aquella aseveración y también se echó a reír. Y cuanto más reía él, más reía ella. Si aquello hubiera sido una comedia romántica, pensó Pippa, habrían caído uno en los brazos del otro entre carcajadas. Y se descubrió a sí misma esperando ansiosa aquel momento. Pero Luke parecía contenerse, porque le dijo:



20 из 166