
– ¿Dónde guardas el café? No consigo recordarlo.
– Yo lo prepararé -se apresuró a decir, señalándole una silla-. Tú siéntate, que ya me ocupo yo de todo.
– Con poca leche, por favor -le pidió ella, con una sonrisa soñolienta.
– No sabía que te preocupara tanto tu silueta -comentó Luke mientras empezaba a preparar el café.
En aquel instante Dominique se abrió la bata, exhibiendo su magnífica figura.
– Requiere algún esfuerzo conservar esto.
– Anda, tápate. Todavía estoy agotado después de lo de anoche.
– Oh, no. Tú nunca te agotas, Luke… -se le acercó por detrás, deslizando los brazos por su cintura-. Y yo tampoco estoy agotada… al menos, contigo.
– Ya lo he notado -repuso, sonriendo.
– Nos llevamos tan bien los dos en todos los sentidos… -como él no contestaba, insistió- ¿No te parece?
Luke se sintió aliviado de que ella no pudiera verle el rostro. Una vida entera evitando compromisos le había dejado un permanente sentido de alerta. Y en aquel preciso instante aquel sentido le estaba dando la voz de alerta, advirtiéndole del rumbo que estaba tomando la conversación.
– Lo que sé es que nos llevamos muy bien… en un sentido -pronunció con tono ligero. Volviéndose, la besó en la punta de la nariz-. ¿Y quién necesita más?
– Más tarde o más temprano… -Dominique hizo un puchero-… todo el mundo necesita algo más.
– Yo no -le aseguró, conservando el mismo tono risueño. La besó de nuevo, en esa ocasión en los labios-. No estropeemos una hermosa amistad.
Ella prefirió dejar el tema, pero Luke sabía que no tardaría en volver a la carga. Dominique era tenaz y obstinada. No había cejado hasta conseguir trabajar para la mejor agencia de modelos de Los Ángeles, recurriendo en ocasiones a métodos poco honestos, según sospechaba el propio Luke. Lo que quería, lo lograba. Y, al parecer, quería llegar a un tipo de compromiso más profundo con él.
Gimió en silencio ante la batalla que se avecinaba.
