Ni habría nacido la querida, maravillosa Josie.

Había llegado la hora de la crisis. Por supuesto, siempre podía espetarle de pronto: «¡Nada de boda, ni hablar! ¡Adiós!». Pero Luke detestaba hacer daño a la gente y estaba encariñado con Dominique. Sencillamente, no quería casarse con ella. Sospechaba que existía una conexión entre aquello y una reciente crisis en la vida de su amante. Después de haber trabajado durante seis años como top model, Dominique se había visto de repente privada de un trabajo que realmente le gustaba… para ser sustituida por una modelo más joven. Era extraordinariamente bella, pero a esas alturas ya era una vieja dama de veintiséis años.

No le había contado a Luke lo de su empleo, pero él se había enterado por otras fuentes y tenía la sensación de que su encanto personal no era el único factor que estaba en juego. Y no la culpaba por ello. Aquel era un mundo duro. Incluso el rostro más angelical podía albergar segundas intenciones. Recordó entonces a otra persona, aparte de sus padres, que jamás había intentado sacarle nada ni aprovecharse de él. Y que, para inmensa suerte de Luke, había llegado incluso a rechazar una propuesta suya de matrimonio. La divertida y estrambótica Pippa, tan alocada como él mismo, que había convertido su breve estancia londinense en una época encantadora. Era consciente de que había sido su primer amante y se sonreía todavía al recordar cómo ella había disfrutado del sexo, como si fuera una caja de bombones. Se había acostado con él sin ninguna inhibición, tierna y generosa, tan dispuesta a dar placer como a recibirlo. Luke esperaba sinceramente que con el tiempo hubiera encontrado un hombre que pudiera satisfacerla tanto como lo había hecho él… ¿Pero a quién quería engañar? Pippa incluso había reaccionado con total tranquilidad al descubrir que estaba embarazada.



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