
– ¿Por qué no, Maura? Dejas que insista e insista, esperando que aumente la oferta cada día, pero no me das una respuesta.
Sí, la verdad era que estaba esperando que aumentase la oferta antes de firmar el contrato. Si sus amigos y vecinos podían controlar su entusiasmo un poco.
– Todo el pueblo quiere que rodemos aquí.
– Sí, pero todo el pueblo no tendrá un montón de gente en sus tierras cuando las ovejas están a punto de parir, ¿no?
– Tú misma has dicho que la mayoría de las ovejas paren en el campo y nosotros estaremos filmando delante de la casa. El rodaje de la residencia…
– Es una granja.
– Pues a mí me parece una residencia -sonrió Jefferson-. Puede que filmemos algunas escenas del establo, pero no vamos a molestarte demasiado.
– ¿Me lo prometes? -rió Maura.
– Te lo prometeré si eso es lo que hace falta para que firmes.
– Ah, estás desesperado, ¿eh? -sonrió ella, tomando un sorbo de cerveza-. Podría pensar que estás dispuesto a endulzar la oferta un poco más.
– Veo que sabes negociar -rió Jefferson-, Pero sí, estaría dispuesto a aumentarla un poco si tú me dijeras que estás dispuesta a firmar.
Maura intentó disimular para que no viera un brillo de victoria en sus ojos.
– Podría hacerlo, dependiendo de cuánto estuvieras tú dispuesto a aumentar la oferta.
– Una pena que no sea tu hermana la que tiene que firmar el contrato -suspiró él-. Tengo la impresión de que sería más fácil convencerla a ella.
– Ah, pero Cara tiene otras prioridades -Maura sonrió al pensar en su hermana menor. En realidad, habría aceptado la oferta de Jefferson aunque no le hubiese ofrecido un céntimo más porque le había dado a su hermana un pequeño papel en la película. Y como Cara soñaba con llegar a ser una gran actriz, estaba flotando desde que lo supo.
– Claro que si ella tuviera que firmar el contrato seguramente me habría exigido a cambio un papel de más envergadura.
