Al verlos, las ovejas negras y blancas corrieron hacia ellos, como si llevaran semanas hambrientas. Bestias avariciosas, pensó Maura, sonriendo cuando los animales empujaron a Jefferson en su prisa por comer.

Pero debía ser justa: él no tenía la actitud de la gente de la ciudad, que solían mirar a las ovejas como si fueran tigres hambrientos, preguntándose si las pobres bestias iban a atacarlos con sus afilados dientes. Para ser un americano rico parecía estar en su casa aunque, por alguna razón, se negaba a usar botas en lugar de aquellos zapatos de tafilete sin duda horriblemente caros.

Él rió cuando el empujón de una oveja estuvo a punto de tirarlo sobre el barro y Maura rió también, diciéndose a sí misma que debía dejar de mirarlo. Una orden imposible de obedecer cuando una sonrisa iluminó sus atractivas facciones.

Jefferson King era un hombre al que las mujeres debían mirar mucho, pensó. Hombros anchos, caderas delgadas y unas manos enormes con más callos de los que hubiera podido imaginar en un tipo de Hollywood. Además de eso tenía unos preciosos ojos azules, un par de buenas piernas, unos muslos poderosos y un trasero de cine, si alguien le pedía su opinión.

Pero sólo era un visitante ocasional en la hermosa isla que ella llamaba su casa. Y tenía que recordar eso. Jefferson sólo había ido a Irlanda buscando un sitio para rodar una película. No estaba allí, en la granja Donohue, porque la encontrase fascinante. Estaba allí para alquilar la finca, nada más. Una vez que hubiera firmado el contrato, ser marcharía de vuelta a su mundo, tan lejos de allí.

Y eso no le gustaba nada, de modo que seguía alargando las negociaciones.

– Parece que hace semanas que no comen -dijo Jefferson.

– Sí, bueno, ahora hace mucho frío y eso les abre el apetito.

– Hablando de apetito…

Desde que Jefferson apareció por Craic se pasaba el día en la granja, siguiéndola a todas partes, insistiendo en que firmase el contrato. Y al final del día tomaban un cuenco de sopa, algo de carne y un té en la cocina. Y lo extraño era que había empezado a esperar ese momento con ganas.



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